Cada paso que doy
se convierte en una montaña de arena.
Cada una de las montañas de arena
se transforman en salvajes desiertos.
Cada desierto
conforma un oasis.
Cada oasis
contiene un elemento puro, simple, precioso... Y brilla.
Brilla como un faro
y guía mis recuerdos en un sendero de destrucción.
Los recuerdos son muerte.
Son pecado.
Traición.
Son mares revueltos que juegan a su antojo,
arremolinando en su interior demasiadas visiones tridimensionales.
Peces que giran, peces que engullen, peces que se hunden.
Cada vez que echo la vista atrás
me convierto en montaña de arena,
salvaje desierto,
oasis,
prisma.
Un prisma
que me hace volar con el mar,
arremolinar tormentas,
ver peces que giran, engullen y se hunden...
y que no sirven de nada.

Hay muchas cosas en el mundo que parecen montañas gigantes, abismos profundos y que en realidad luego no son nada, "no sirven de nada".
ResponderEliminarNo sé si el significado que le veo es el que le quisiste dar, pero hoy coincido mucho con lo que transmites...
(Un pequeño apunte técnico: al final de la segunda estrofa pone "tracición", supongo que quería decid tradición o traición).