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martes, 7 de octubre de 2014

Arturo contra Morgana

Los tiempos que corren son especialmente apasionantes. Nacionalismos de todos los bandos, colores, olores y hasta sabores (pa amb tomàquet y tortilla de patatas) contrastan en pasiones efervescentes. El mal del siglo, el nuevo mal del siglo, canalizado a modo del mal du siècle francés tras la entrada en el siglo XIX a poco más de una década de la Revolución Francesa. Las tres preguntas clave de esta deriva sensacionalista, insisto, en todos los sentidos, deberíamos encontrarlas en las consabidas ¿de dónde venimos? ¿dónde estamos? ¿a dónde vamos?

De todo este escandaloso caldo de cultivo de irracionalidades se nutren hoy Mariano Rajoy y Artur Mas. El primero porque tiene la necesidad imperiosa de buscar un sentimiento común de todos y cada uno de los habitantes del Estado que dirige, todo a costa de las particularidades de cada una de las regiones y habitantes. El segundo en respuesta violenta contra esa conceptiva del que quiere destacarse del resto. Y ambos dos, apoyados por facciones plagadas de sentimientos pasionales incansables. 

Una de las claves que a mi juicio más ha contribuido a esta sinrazón generalizada de independentismo y mutismo aplacador, se encuentra en los aberrantes intentos de centralización de competencias otorgadas a la periferia de Madrid. Recordemos la reforma exprés de la Constitución en la que, sin previa consulta a los ciudadanos, se blindaron los topes de las Comunidades Autónomas en cuanto a déficit se trata. Una muestra de que el Estado manda y las Autonomías obedecen. 

En otro lado, si el sentimiento de nación catalana triunfa es precisamente gracias a otro gran y aberrante centralismo: la fuerza centrista de Barcelona en detrimento de las regiones sobre todo del sur. No se puede imponer una voluntad nacional sin tener un eje fuerte en el centro. El pulso pues se plantea entre Madrid y Barcelona (recordemos el trato favorable de la televisión pública de Catalunya hacia el consistorio condal, frente a la ignorancia extrema de, por ejemplo, la ciudad de Tarragona; las fiestas de la Mercè tienen tratamiento nacional, ¿lo han sido así las fiestas de Santa Tecla de Tarragona?).

Estas dos posiciones más semejantes de lo que a simple vista creen algunos, se pueden tratar como el mito del rey Arturo, Excalibur (espada extraída de una piedra) y la hermana de este, la bruja Morgana. Excalibur representa la Constitución, incrustada en la piedra para preservar el statu quo. Artur Mas, Arturo, la ha extraído ahora de la piedra empujado por sus huestes a invocar la voluntad de su pueblo, para resquebrajar así el statu quo y forzar así una brecha en el Estado que sería la piedra sobre la que se levantaba Excalibur.

Las autoridades de Madrid ante esta declaración muestran una ambigüedad clara, tan grande como las estratagemas de Morgana por tal de aumentar su poder e influencia: se envuelven en un espíritu de Estado de Derecho y tildan de inconstitucional la Ley de Consultas. Y es que el juicio está servido de antemano: la ley es inconstitucional porque yo lo digo y el Tribunal lo único que hará será ratificarlo. Una auténtica pantomima, sin duda. Pantomima de la que forma parte, claro está nuestro Arturo de la comedia: que nadie se engañe, ya sabía de antemano lo que ocurriría, pero en su mesa redonda se sienta Lanzarote, envuelto en los ropajes de ERC, esperando el momento para arrebatarle a su mujer, Ginebra (el Govern).

lunes, 23 de junio de 2014

Circo

El funambulista se dispone a cruzar el tendido circense ataviado solo con una malla de licra y unas zapatillas flexibles que coloca suavemente una delante de la otra con las puntas hacia afuera. La barra de equilibrio le brinda una magnífica oportunidad: sortear su crisis existencial mediante el miedo plasmado en los ojos de su público.

La altura es una condición secundaria, ¿qué son veinte metros de altura para quien desafía a la gravedad? Solo una cuestión de matices irrelevantes. El público es la meta, la plataforma a diez metros de donde partió sorteando el viento, es solo un paso. Debajo, ahogando gritos y risas, el payaso triste se enfrenta al loco en un disparatado duelo de flores que disparan saetas acuáticas.

Las bailarinas y gimnastas muestran su cuerpo contorsionado en piruetas imposibles soñando con una entrada lo suficientemente importante como para tomarse una semana de descanso. El público grita mirando el cuadro esperpéntico de la tarde, donde payasos, bailarinas y funambulistas yacen a la par que se mueven en su maravilloso mundo fatuo.

El acróbata se mece sobre su columpio por encima del funambulista y, con el chasquido del domador de leones, comienza a piruetear con el ritmo del metronómico balancín. "Chás, chás", el sonido del látigo implacable da las órdenes precisas para que el fiero rey de la sabana ruja y salte sobre su pelota de gimnasia.

Por último, hace acto de presencia el líder del esperpéntico espectáculo por antonomasia: el maestro de ceremonias. Su cetro y su sombrero lo visten como regente indiscutible de la maravilla del circo. Todos lo miran cuando surge del centro de las arenas dispuesto a ordenar a sus contorsionistas súbditos los movimientos más espectaculares.

Por un momento, el maestro de ceremonias recuerda como era antaño el mundo del circo. Cuando él aparecía en el momento del clímax de la función los niños y mayores rompían en un alarido fragor de batalla. "Plas, plas, plas" y algún que otro "¡Bravo!" surgían como implosiones hacia el centro mismo de la carpa.

Con este pensamiento vacuo y nostálgico, el regio maestro se cuadra ante todo el personal. Y se prepara para alzar las manos, conocedor de que el auténtico espectáculo comienza justo al final de la obra. Y no se va a producir en el centro del circo, sino que se producirá centrífugamente. Todos los elementos circenses, funambulistas, acróbatas, domador y payaso jnto a otras geniales criaturas esperan el aplauso final.

El maestro de ceremonias eleva su cetro marcando el fin de la función. Y comienza el silencioso espectáculo que contemplan con ojos como platos los hijos circenses: el deslumbrante silencio marcado por las luces que dispara la grada hacia el centro de la plaza, acompañadas del "chic-chic" del flash. Luego, el maestro mira su móvil a la espera de que #tardedecirco se coloque como trending topic.

martes, 25 de febrero de 2014

Control de superpoblación

Los zorros de la comarca de Zorrolandia se han reunido esta mañana para debatir cómo controlar la superpoblación humana. El consejo del Consistorio propone una ley especial de apertura de veda para poder permitir la caza de humanos de manera indefinida. Según fuentes del Consistorio, la plaga de humanos "es terriblemente dañina y la superpoblación empieza a estar descontrolada". 

Todo parece indicar que la ley propuesta saldrá adelante con los votos a favor del Partido Popular Zorruno y del Partido Obrero Vulpejo puesto que suman mayoría. En contra votarán por considerarlo un "acto no zorruno" Iniciativa Zorruna Verde y el Partido Humanista. Estos grupos esgrimen que es una falta de zorrunidad la caza y matanza indiscriminada de humanos.

A las puertas del consistorio un centenar de vulpejos pro-humanos se han manifestado en contra de tan "inzorruna" ley, según sus propias palabras. La población humana en el mundo se cuenta hoy en día en más de siete mil millones de individuos y las madrigueras que construyen resultan dañinas para numerosos ecosistemas y están empujando a otras especies hacia el abismo de la extinción por usurpación de ecosistemas. En cuanto a los daños a los zorros, los humanos, según argumentan algunos campesinos, les están quitando el sustento de ovejas, así como de vacas y cerdos. 

Para Europa Press, L'Écrivain Noir, desde Zorrolandia


martes, 11 de febrero de 2014

El sueño de un niño

Hechizado por la magia de Whitman, desentrañada gracias a la gran Lana del Rey, me pregunto cómo la nostalgia puede convertirse en un Peter Pan embaucador, en un Alfanhuí inmortal o en un Pinocho que no quiere ser de verdad.
Pero, esa nostalgia ¿es de un tiempo pasado mejor? ¿de un recuerdo que emerge con un toque sensitivo cual madalena de Proust? ¿de un momento mágico? ¿o de un mal menor?
No sé del mundo mucho más que un perro, una cigüeña o un pez frito. Sin embargo, a veces creo en un Dios universal. Y su forma, como buen ente del imaginario, es la de un niño pequeño.
 

"¿Qué soy, después de todo, más que un niño complacido con el sonido de mi propio nombre?" Lo que soy después de todo (W. Whitman)