viernes, 26 de diciembre de 2014

Prisma

Cada paso que doy
se convierte en una montaña de arena.
Cada una de las montañas de arena
se transforman en salvajes desiertos.
Cada desierto
conforma un oasis.
Cada oasis
contiene un elemento puro, simple, precioso... Y brilla.

Brilla como un faro 
y guía mis recuerdos en un sendero de destrucción.
Los recuerdos son muerte. 
Son pecado.
Traición.

Son mares revueltos que juegan a su antojo,
arremolinando en su interior demasiadas visiones tridimensionales.
Peces que giran, peces que engullen, peces que se hunden.

Cada vez que echo la vista atrás
me convierto en montaña de arena,
salvaje desierto, 
oasis, 
prisma.

Un prisma 
que me hace volar con el mar, 
arremolinar tormentas, 
ver peces que giran, engullen y se hunden...
 y que no sirven de nada.

martes, 7 de octubre de 2014

Arturo contra Morgana

Los tiempos que corren son especialmente apasionantes. Nacionalismos de todos los bandos, colores, olores y hasta sabores (pa amb tomàquet y tortilla de patatas) contrastan en pasiones efervescentes. El mal del siglo, el nuevo mal del siglo, canalizado a modo del mal du siècle francés tras la entrada en el siglo XIX a poco más de una década de la Revolución Francesa. Las tres preguntas clave de esta deriva sensacionalista, insisto, en todos los sentidos, deberíamos encontrarlas en las consabidas ¿de dónde venimos? ¿dónde estamos? ¿a dónde vamos?

De todo este escandaloso caldo de cultivo de irracionalidades se nutren hoy Mariano Rajoy y Artur Mas. El primero porque tiene la necesidad imperiosa de buscar un sentimiento común de todos y cada uno de los habitantes del Estado que dirige, todo a costa de las particularidades de cada una de las regiones y habitantes. El segundo en respuesta violenta contra esa conceptiva del que quiere destacarse del resto. Y ambos dos, apoyados por facciones plagadas de sentimientos pasionales incansables. 

Una de las claves que a mi juicio más ha contribuido a esta sinrazón generalizada de independentismo y mutismo aplacador, se encuentra en los aberrantes intentos de centralización de competencias otorgadas a la periferia de Madrid. Recordemos la reforma exprés de la Constitución en la que, sin previa consulta a los ciudadanos, se blindaron los topes de las Comunidades Autónomas en cuanto a déficit se trata. Una muestra de que el Estado manda y las Autonomías obedecen. 

En otro lado, si el sentimiento de nación catalana triunfa es precisamente gracias a otro gran y aberrante centralismo: la fuerza centrista de Barcelona en detrimento de las regiones sobre todo del sur. No se puede imponer una voluntad nacional sin tener un eje fuerte en el centro. El pulso pues se plantea entre Madrid y Barcelona (recordemos el trato favorable de la televisión pública de Catalunya hacia el consistorio condal, frente a la ignorancia extrema de, por ejemplo, la ciudad de Tarragona; las fiestas de la Mercè tienen tratamiento nacional, ¿lo han sido así las fiestas de Santa Tecla de Tarragona?).

Estas dos posiciones más semejantes de lo que a simple vista creen algunos, se pueden tratar como el mito del rey Arturo, Excalibur (espada extraída de una piedra) y la hermana de este, la bruja Morgana. Excalibur representa la Constitución, incrustada en la piedra para preservar el statu quo. Artur Mas, Arturo, la ha extraído ahora de la piedra empujado por sus huestes a invocar la voluntad de su pueblo, para resquebrajar así el statu quo y forzar así una brecha en el Estado que sería la piedra sobre la que se levantaba Excalibur.

Las autoridades de Madrid ante esta declaración muestran una ambigüedad clara, tan grande como las estratagemas de Morgana por tal de aumentar su poder e influencia: se envuelven en un espíritu de Estado de Derecho y tildan de inconstitucional la Ley de Consultas. Y es que el juicio está servido de antemano: la ley es inconstitucional porque yo lo digo y el Tribunal lo único que hará será ratificarlo. Una auténtica pantomima, sin duda. Pantomima de la que forma parte, claro está nuestro Arturo de la comedia: que nadie se engañe, ya sabía de antemano lo que ocurriría, pero en su mesa redonda se sienta Lanzarote, envuelto en los ropajes de ERC, esperando el momento para arrebatarle a su mujer, Ginebra (el Govern).

lunes, 23 de junio de 2014

Circo

El funambulista se dispone a cruzar el tendido circense ataviado solo con una malla de licra y unas zapatillas flexibles que coloca suavemente una delante de la otra con las puntas hacia afuera. La barra de equilibrio le brinda una magnífica oportunidad: sortear su crisis existencial mediante el miedo plasmado en los ojos de su público.

La altura es una condición secundaria, ¿qué son veinte metros de altura para quien desafía a la gravedad? Solo una cuestión de matices irrelevantes. El público es la meta, la plataforma a diez metros de donde partió sorteando el viento, es solo un paso. Debajo, ahogando gritos y risas, el payaso triste se enfrenta al loco en un disparatado duelo de flores que disparan saetas acuáticas.

Las bailarinas y gimnastas muestran su cuerpo contorsionado en piruetas imposibles soñando con una entrada lo suficientemente importante como para tomarse una semana de descanso. El público grita mirando el cuadro esperpéntico de la tarde, donde payasos, bailarinas y funambulistas yacen a la par que se mueven en su maravilloso mundo fatuo.

El acróbata se mece sobre su columpio por encima del funambulista y, con el chasquido del domador de leones, comienza a piruetear con el ritmo del metronómico balancín. "Chás, chás", el sonido del látigo implacable da las órdenes precisas para que el fiero rey de la sabana ruja y salte sobre su pelota de gimnasia.

Por último, hace acto de presencia el líder del esperpéntico espectáculo por antonomasia: el maestro de ceremonias. Su cetro y su sombrero lo visten como regente indiscutible de la maravilla del circo. Todos lo miran cuando surge del centro de las arenas dispuesto a ordenar a sus contorsionistas súbditos los movimientos más espectaculares.

Por un momento, el maestro de ceremonias recuerda como era antaño el mundo del circo. Cuando él aparecía en el momento del clímax de la función los niños y mayores rompían en un alarido fragor de batalla. "Plas, plas, plas" y algún que otro "¡Bravo!" surgían como implosiones hacia el centro mismo de la carpa.

Con este pensamiento vacuo y nostálgico, el regio maestro se cuadra ante todo el personal. Y se prepara para alzar las manos, conocedor de que el auténtico espectáculo comienza justo al final de la obra. Y no se va a producir en el centro del circo, sino que se producirá centrífugamente. Todos los elementos circenses, funambulistas, acróbatas, domador y payaso jnto a otras geniales criaturas esperan el aplauso final.

El maestro de ceremonias eleva su cetro marcando el fin de la función. Y comienza el silencioso espectáculo que contemplan con ojos como platos los hijos circenses: el deslumbrante silencio marcado por las luces que dispara la grada hacia el centro de la plaza, acompañadas del "chic-chic" del flash. Luego, el maestro mira su móvil a la espera de que #tardedecirco se coloque como trending topic.

lunes, 19 de mayo de 2014

Rumor

Rumor
Un rumor
Un rumor es 
Un rumor es como
Un rumor es como una
Un rumor es como una ola,
Un rumor es como una ola, a 
Un rumor es como una ola, a medida
Un rumor es como una ola, a medida que 
Un rumor es como una ola, a medida que crece
Un rumor es como una ola, a medida que crece se 
Un rumor es como una ola, a medida que crece se hace
Un rumor es como una ola, a medida que crece se hace más...
DESTRUCTIVO

lunes, 5 de mayo de 2014

Canción

Una voz dormida,
un silencio despierto y acomodado,
luces como sombras,
noches enteras cual espejo ovalado.

Un quejido ahogado se siembra,
un lamento dorado se recoge.
Heridas en el alma que cortan
incluso el aire que se encoge.

Hay algo más profundo que
el alma:
la esencia misma de una vida
truncada.

¡Sal de este cuerpo y libérate!
¡Sal de la nada!
¡Que salgas a la inmensidad!
¡Vuela! Hasta que quedes helada.



lunes, 28 de abril de 2014

Et in Arcadia Ego

Del color del cielo son tus ojos. Tu mirada va más allá de cualquier horizonte. Se clava en todos cuantos te miran, te adoran y te susurran despacito, que tu aliento es fresco. Dormido, muchas veces te despiertas de repente, en la soledad de la noche, o en las profundidades de la Aurora. Sumiso, contienes suavemente esa fuerza electrizante que vadea meciendo tus sentidos, en el sonido altivo de tu alegre cantar.

No soy yo quién más ofensa causa, que por ofensa tengo el don de ser el guardián de soledades. De tristes paisajes, de tristes noches, de soleadas tardes bañadas con mis andares. Andares cautos que parecen besar la fresca arena, vuestra fresca arena...

Guarda tus llantos para más adelante, hermano. Que existes porque lo bello existe. Sin ambajes, sin ataduras mortales, sin claros ni oscuros. Simplemente eres tu. Traicionero y confidente. Sobre tus hombros han llorado eternas visiones de vidas truncadas, de emociones rotas, de corazones sin consuelo. Y tú les has dado cobijo. Les has dado rienda suelta a su desdén, para que con tu vaivén, alivien esas penas.

...Y, sin embargo, solo veo lágrimas vertidas en mi vientre. He anulado a los más valientes, los engullí en mi hondo orgullo. Orgullo de pretensiones que soliviantan al más valiente. Soy descerebrado, y por engullir, engullo hasta los vientres más fertilizados. Pues si se alían conmigo esos extraños, ruidosos, estridentes, cargados de terror hasta la médula, me convierto en el más fiero de los enemigos...

No temas, pues la fuerza emerge, crece y se sumerge en ti como si fueras gruta. Y tu belleza arrastra a la condena de quienes te quieren dominar, hermano. No es tu maleficiencia, sino la ignorancia de quienes no entienden tu parecer. Ya lo dijo Maquiavelo: "todos ven lo que aparentas; pocos advierten lo que eres".

Y no en vano me consuela... Esa frase es acertada, pues tesoros más grandes he abarcado y abarco más vida que quienes osan atacarme... Y a ti, te mostraré mi cara, acercaré mi mejilla para que la beses...

...Y la besaré mil veces si hace falta, te acariciaré otras tantas, te suplicaré mi perdón. Entenderé tu furia con mirada compasiva... Te dedicaré los versos más bonitos, si hace falta a la luz de una luna que se refleja en tus ojos.

... Déjame acariciar tu arena de sentimientos...

Suavemente... Se levanta viento fresco, es hora de que me vaya... Sutilmente...

Dejaré que te marches; esperaré a que vuelvas, a que vuelvan y me amen... A que me ames...

A esta luz que rompe el cielo y a tus sonidos, me encomiendo. Me dirigen noche y día. Hacia lo desconocido. Hacia este mar que ahora me habla, me susurra, me hechiza...

Vuela, hermano, que otros ahora ocuparán tu espacio. No estoy solo, ni tú tampoco. Porque apareció un amigo, al que traicionero  llaman. Mar es su nombre, y vive besando las playas...

La luna finge; el sol declina. Sobre tus saladas aguas se marcan imperfectas tus ondanadas. Me llaman... Voy...

... Y conmigo eternamente yacerás, en las profundidades del cielo, en los confines del mar...

[Encontrado el cadáver de un joven de veinte años ahogado en la playa (extracto del diario El Suceso a 23/02/1987) ]

viernes, 28 de marzo de 2014

Ojos negros

Esa mirada profunda, de profunda oscuridad. Llena de luz; tan llena que no se ve. Se siente, te rodea, te calma, a ciegas. En un mar de emociones enfrentadas, te descoloca la timidez de la tenue luz que se te muestra. Y te envuelven el alma, penetrantes como puñales de cristal, esos ojos. Puñales que se clavan y se retuercen en tu interior. Y la sangre no mana, se coagula, se cuaja en los instintos de la pasión. Y te sigue mirando, profundamente, tan profundamente como una fosa.
Negros son. Como la muerte. Porque matan de asfixia, de incontinencia y persistencia. Se enfrentan al agua, al río, al mar, al océano... a la eternidad.
Eterno enfrentamiento desconsiderado. Latidos fuertes en un trazo colorido negroazulado. Azul oscuro, casi negro. Se pierden las miradas en el arco iris. En ese arco iris.
Esos ojos... ¡Esos ojos! Tan tenebrosos como la noche, tan terroríficos como la agonía, tan pasionales como la vida. Negros. Eran negros, antaño. Y se tornan grises en el choque contra el mar.