viernes, 28 de marzo de 2014

Ojos negros

Esa mirada profunda, de profunda oscuridad. Llena de luz; tan llena que no se ve. Se siente, te rodea, te calma, a ciegas. En un mar de emociones enfrentadas, te descoloca la timidez de la tenue luz que se te muestra. Y te envuelven el alma, penetrantes como puñales de cristal, esos ojos. Puñales que se clavan y se retuercen en tu interior. Y la sangre no mana, se coagula, se cuaja en los instintos de la pasión. Y te sigue mirando, profundamente, tan profundamente como una fosa.
Negros son. Como la muerte. Porque matan de asfixia, de incontinencia y persistencia. Se enfrentan al agua, al río, al mar, al océano... a la eternidad.
Eterno enfrentamiento desconsiderado. Latidos fuertes en un trazo colorido negroazulado. Azul oscuro, casi negro. Se pierden las miradas en el arco iris. En ese arco iris.
Esos ojos... ¡Esos ojos! Tan tenebrosos como la noche, tan terroríficos como la agonía, tan pasionales como la vida. Negros. Eran negros, antaño. Y se tornan grises en el choque contra el mar.

lunes, 24 de marzo de 2014

La noche



Víctor era un chico muy especial. Quizá era el único niño que dormía tranquilo y sin miedo durante la oscura noche. Los padres del pequeño Víctor no tenían que batallar con él para acostarlo a solas en su habitación. A diferencia de otros niños, siempre con ese miedo innato a la oscuridad de la noche, Víctor se sentía seguro en ella: La oscuridad era su amiga y el sonido del aire en las noches de invierno lo mecía y lo adormecía. Sí, Víctor no tenía miedo a la noche. Era un chico especial, tan especial como fue su nacimiento.
 El día en que Víctor vino al mundo, el sol relucía espléndido y los pájaros  entonaban sus trinos como coloridas ondas melódicas. La primavera estaba en su esplendor y los niños jugueteaban por las calles seguidos por cometas que volaban en el cielo. Todo fue a pedir de boca: un parto tranquilo y sin complicaciones. Sin embargo, en cuanto los padres del pequeño Víctor lo quisieron llevar a casa, se encontraron con un problema: Víctor, nada más salir por la puerta del hospital y ser tocado por los rayos del sol, comenzó a llorar de dolor y de miedo, auténtico miedo.
"¿Qué le pasa?", se preguntaban angustiados unos padres que no comprendían los llantos del niño. Todo era perfecto, todo era ideal: un buen clima, mucha claridad y unos padres primerizos que eran todo amor. Lo que ellos no sabían es que el pequeño Víctor tenía miedo al día, a la luz y al sol. Lo descubrieron con el paso del tiempo al ver que su pequeño dormía y estaba tranquilo en la oscuridad.  En la noche sonreía feliz, mientras que cuando salía el sol, se aferraba con furia a su mantita escondiéndose y manando agüita de sus ojillos azules.
"A los niños no les gusta la oscuridad, a todos les da miedo", pensaba la pobre madre desconsolada porque su niño no temía a la noche, sino al día. Ella estaba preparada para proteger a su hijo de la noche, pero, ¿cómo proteger a alguien del día? Y solo se le ocurrió una manera: ella sabía que a los niños hay que dejarlos en su habitación por las noches y calmarlos para que se les quitara el miedo a la oscuridad; así que preparó un buen cuento y se decidió a sacar a pasear a su pequeño al parque a pleno sol. 
"Hoy hace un día precioso y no hace frío. Espero que esto le ayude" pensaba la madre mientras colocaba a Víctor en su carrito a oscuras en su casa. Abrió la puerta que da a la calle y dio unos pasos. El pequeño empezó a sollozar levemente en cuanto percibió el solo reflejo del sol en los azulejos de la entrada. La mujer cerró los ojos, tragó saliva y se decidió a llevar a cabo su plan.
Ya completamente fuera de la casa echó a andar con el carrito hacia el parque. Y Víctor ya no sollozaba, sino que lloraba a pleno pulmón. Era un llanto desgarrador muy agudo. El miedo se clavaba en sus ojos azules con una mirada de auténtico terror. Aún no hablaba, aunque pronunciaba algunas palabras: "no, mami, no" se podía escuchar de sus pequeños labios. La pobre madre estaba angustiada, pero sabía como tantos otros padres que el paso era necesario. "En seguida se calmará" se repetía la mujer. Sacó el libro de cuentos y empezó a leer: "érase una vez...".
Pero el pequeño, lejos de calmarse, aún lloró y gritó más fuerte. Su terror era tal que incluso parecía que se estaba quemando bajo el sol. Rojita la piel, los ojos encendidos y sus manitas aferradas a la mantita, parecía que en realidad el sol lo mataba. Y su madre se asustó de verdad. Dejó el libro de cuentos y se dispuso a abrazarlo sin notar ningún cambio. Desconsolada imploró auxilio aunque no sabía bien a quién porque estaba sola. Y entonces ocurrió el milagro.
La noche había estado protegiendo y mimando a Víctor en la distancia del cielo. Oía sus quejidos y le susurraba canciones en la oscuridad. En el aire ponía la noche su voz y con él llegaban a los oídos del pequeño Víctor los cuentos y las nanas. Ella lo protegía igual que lo hacía su mamá. Y cuando oyó llorar de esa manera al pequeño y a su madre, no pudo aguantar sus ganas de bajar a la Tierra. Y se presentó con su vestido negro en el parque donde se encontraban. Tocó al pequeño y le dio una capita de protección: su piel se tornó del color de la noche y sus ojos, antes del tono del mar, ahora eran dos avellanas. Y Víctor, con este escudo dejó de temer al día.
La noche nos protege a todos con su oscuridad, para que no nos vean los temibles monstruos que pueblan el mundo. También nos permite soñar y con el aire que a veces nos asusta cuando se cuela en las ventanas, nos cuenta cuentos y canciones. No hay que temerla, como no hay que temer al día. Por eso, la noche a aquellos niños que tienen miedo de la luz, les da su capa de color oscuro. Y así esos niños no tendrán jamás miedo del día ni de la noche.

lunes, 17 de marzo de 2014

Soneto I

¿Puede una mirada salvar el mundo? 
¿Puede un niño fijar un nuevo cielo? 
¿Puede una lágrima apreciar el hielo? 
¿Puede el aire demente ser fecundo? 

Depende del ojo meditabundo; 
de historias agrias o de caramelo; 
de la fuerza del empuje y del celo; 
del amor en definitiva. Hundo 

mi alma en tus fuertes ojos como el mar, 
mis ganas en tus garras de felino 
mi cuerpo espera cauto tu condena. 

Y una mirada el océano va a calmar 
un zarpazo aturdirá el desatino
y el amor tejerá sutil cadena.

domingo, 9 de marzo de 2014

Kyrie Eleison

Beata María, nunca fui especialmente hombre de bien. Ni caminos rectos, ni bendecidos. Los atajos son cruciales para mi existencia y los saltos y las carreras. Perdóname que no crea en unos principios que considero obsoletos. Es mi culpa, mea maxima culpa.

Grande María, que de gracia dicen que eras tú llena. Permíteme un instante para vacilar, para vacilar y dudar de mí mismo. Solo este instante, solo un instante. Un momento, nada más. Pero que no se descuide el tiempo, pues en su regazo duermo latente a expensas de lo que haga ese alma que con su silencio corrompe el ruido y cuando habla tiemblan las montañas. Cúbreme con tu velo de piedad, nunc et hora mortis meae...

Ave María, tu dulzura es eterna. Mas no puedo seguir escondiendo que las cosas han cambiado. En mi virtud se escondieron ladrones que desmiembran mis aposentos internos y trasladan los restos hacia su guarida secreta. Y la distancia es enorme. Muy grande, como tú benedicta in mulieribus...

Dulce María, protectora de los inocentes. Protege a aquellos que en su indecencia se cubren de virtud, cuando lloran sin piedad, a expensas de un trágico final que esperan para otros. Dales aire, cuando les falte. Bendícelos con tu grandeza y reúnelos en tu seno, porque son almas tristes que necesitan de una protección extrema: ora pro illis pecatoribus...

Myriam era tu nombre original, puro y virginal. En tu seno guardaste al que se dijo era el hijo de Dios. Ten piedad te ruego cuando dudo de su condición, mas aún así considero grande su labor, aunque no santa. Absolveme...

Que el señor se apiade de ellos, de aquellos que condenan las luces eternas. Que se apiade Él si existe su santa cátedra allá en los reinos celestiales... Kyrie Eleison

María, te hago cómplice de mi destino en este momento, en este lugar, en este estado...Kyrie Eleison

Que se apiade la corte divina de estas almas corruptas, porque yo no lo haré más...Kyrie Eleison

Que se enfrenten a su destino de una vez...Kyrie Eleison

Y por todas... Seculo seculorum, AMEN

2009

lunes, 3 de marzo de 2014

Celebración

"Los caminos del Señor
son inescrutables".
Eso dicen algunos,
otros prefieren pensar
que el destino es solo eso:
DESTINO.
Viaje de ida, una ubicación,
RUMBO.
Pero, ¿dónde se quedan
las palabras?
¿Dónde los sentimientos?
¿Dónde te quedas tú?
¿Cambian los sentimientos 
en algún punto del ciclo?
Puede que esta sea la verdadera
prueba de fuego,
OJALÁ.
Prevalece la mentira del alma,
la verdad es austera y no se hace
oír. Una incógnita inescrutable;
tan inescrutable-
mente sometida a reglas,
JUEGO.
Celebremos que nos hemos 
encontrado, amigo.
Celebremos la vida esta
y aquella y la de más allá.
No te calles, dilo.
Dilo, aunque sea una vez
Con eso bastaría.
Sobraría.
"Los caminos del Señor
son inescrutables".
Eso dicen, pero no les creo.